Bienvenido al Blog de Carmen Urbieta




Soy Licenciada en Ciencias de la Información. Me gusta la poesía y la narrativa poética. He publicado artículos en revistas y periódicos desde 1989, he escrito 4 novelas, algún que otro cuento, ensayos y relatos cortos. Actualmente estoy trabajando sobre mi 5ª novela. Asimismo colaboro con Radio AFAEMO, en Madrid y con Emisoras ASEMFA en Andalucía. Publico también artículos para la Revista mensual Espacio Humano.

Por último añadir que soy miembro de ODEM (Organización para los Derechos de los Enfermos Mentales), colectivo éste que despierta en mí un alto grado de sensibilización.

Quisiera desde estas páginas pedir vuestro apoyo, colaboración, comentarios y la mayor difusión posible, a fin de mejorar muchos aspectos. Todo ello lo iréis viendo en mis escritos.

miércoles, 29 de abril de 2020

CORONAVIRUS.



Tenías miedo a que me pasara algo.
Coronavirus.
Persona de riesgo a causa del epoc.
En el olvido.

Te piensas que me va a pasar alguna cosa.
Algo nefasto.
Doy por buenas las cosas que me nombras.
Desde tu enfado.

He salido una vez y tú lo sabes.
Mariposa alada.
Mil prudencias bordeando mi camino.
Y una biznaga.

No sufras, niña, que aquí estoy confinada.
Dentro de casa.
Espero un tiempo mejor en que la mar salada.
Regrese mansa.

Luceritos de luces encendidas.
Tiernas palabras.
Sufres por mí; yo reviso a escondidas.
Tus olas bravas.

Palabras de amor...
¡Cuánto candor!


VUELO RASANTE.



Caligrafía valiente y remilgada.
Canción al viento.
Exprésate, pues tienes ocultada.
Tu alma en movimiento.

Aparatosas aves que levantan.
Vuelo rasante.
Ven a mi lado, que el tiempo avanza.
Desde este instante.

Las horas del reloj ya se pronuncian.
En sones ciertos.
Vente niña a mi lado, que oportuna.
Entonarás tu canción del momento.
¡Canción al viento!

PIDO PROFUNDO.



Y volverás a ser mi firmamento.
De una noche estrellada.
Y te tendré siempre en mi pensamiento.
Aunque no digas nada.

Se marcharán huyendo los lamentos.
De las noches sin fin.
Y triunfará la risa, que al momento.
Hace que el día amanezca para tí.

Bosques de hayedos.
Pinar rotundo.
Encinar enmarcado en mi postal.
Pido profundo.
Que a mi niña le libre todo mal.


VENTE CONMIGO.



Jarrón repleto de rosas blancas.
Dulce esperanza.
Secaré su perfume inusitado.
Siempre a tu lado.

Rocío que matiza con su manto.
Escarcha que, dispersa, cubre las flores.
Estrofas que desgrano con tu canto.
Colección de quereres y de amores.

Vente pronto a la eterna luz del día.
Vente conmigo.
Que yo estoy esperando a que, vencida.
Regreses pronto al nido.


PERFUMES DE JAZMÍN.




Perfumes de jazmín en mi almohada.
Azahares dispersos en mi canción, que un día.
Supiste componer en letanía.
De do, re, mi, fa, sol, en procesión alada.

Versos de amor, aún no pronunciados.
Tierna canción, sonora, que enloquece.
Dulces recuerdos apenas atisbados.
Y un corazón que herido, crece y crece.

Campesinos del campo alborozados.
Que con la azada limpian de amarguras.
La tierra fértil, prodigio de venturas.
Y simientes de amor aletargado.

Vente pronto a sembrar, mi niña hermosa.
Ven siempre, siempre, con tu delantal.
Sembrarás en la tierra alcachofas.
Y en el cielo tus cantos de cristal.

Corre niña a la fuente del olvido.
Tal vez despertarás.
Del sueño amargo que decretó Cupido.
Tras el cristal.

VAIVÉN.



Vaivén de ondas sonoras, en la playa, una tarde.
Que rompen y se estallan en la orilla.
Lamen la arena caliente y seca, fría.
Olas que mueren, exhaustas; el sol arde.

El sol arde en lo alto del cielo una mañana.
La luna, oculta, gobierna las mareas.
Yo te daré mi amor, amor, si no me engañas.
Porque el hecho de amarte, amor, me frena.

Yo construiré un castillo con arena mojada.
Agua salada del océano ignoto.
Ven a buscarme, amor, que yo te noto.
Ausencias de olvido en tu almohada.

ASOMADA AL BALCÓN.



Asomada al balcón, veía pasar las horas.
En que su corazón, exhultante, advirtiera.
Un haz de luz presente, en la noche, tan bella.
Amanecía el día, bordeando las miserias.

Valiente corazón que no te has ofuscado.
Con las noches de invierno, frías y vespertinas.
En tu razón sonora busco siempre, a mi lado.
La sinrazón de un verso, que oculto, peregrinas.

Quieres andar las odas. Despertar al vacío.
Quieres sentir tu mano rozando mis entrañas.
Quieres saber apócrifo, rufián, y ya te extrañas.
Que las mañanas vengan cargadas de rocío.

Dulce muchacha tierna, peregrina, en la noche.
Dulce besar de un niño que en el vientre, tú acoges.
Dulce sentir de un verso para tí pronunciado.
Para decirte pronto que yo estaré a tu lado.

martes, 28 de abril de 2020

CORAZÓN INVISIBLE.



Acechando cual león enjaulado.
Las miradas y los movimientos.
Siento que te vendrás del otro lado.
Hasta la comisura de mis labios.

Giro la mesa e intuyo que al momento.
Tú mirarás, despacio, a mi pasado.
No estuve allí. Y ahora veo cierto.
Que cupido nos pasó de largo.

Corazón invisible cuyos latidos.
Siento en mi alma.
Retroceden al roce de tu mano.
Junto a mi almohada.

Gentil mujer de ojos de aceituna.
Verdes y claros.
En mis sueños postula la ternura.
Cantando un fado.

Un fado de nostalgias pertrechado.
Melancolía.
Que desde el suelo va subiendo al techado.
Fotografía.



RETRATO.



Soy bastante más vieja.
Que tu retrato.
Dieciocho años cumplidos.
Del otro lado.

Todos los días lo miro.
Con tu sonrisa.
Me parece oír un mirlo.
Canta sin prisa.

Y esos ojitos negros.
Chisporrotean.
Inma será su nombre.
Pasen y vean.

Y ese pelo azabache.
Tan peinado y brillante.
Y esa cara de ángel.
Alma pensante...

Y bordeará los riscos.
Desfiladero.
De Pancorbo, yo atisbo.
Lo venidero.

Que va a verles Lorenzo.
Que vendrá con el talgo.
Prepárale el almuerzo.
¡Vamos, dí algo!

Que serena la noche.
Y dulce el gesto.




PESADILLA.



Esta noche tuve una pesadilla.
Y soñé que me ahogaba en mar de llantos.
Altiva, desplegabas tu barquilla.
Del otro lado.

Yo nadaba a babor, pues asustada.
Me ví morir en aguas turbulentas.
Tú giraste a estribor, pues somnolienta.
No escuchabas mi voz acalorada.

La tempestad llegó hasta la bahía.
De un día cualquiera.
Las encrespadas olas me quitan la vida.
A su manera.

No me traigas al mar estos claveles.
No pronuncies palabras sin sentido.
Harto sé yo que en cuestión de quereres.
Me has vencido.

Anoche tuve una horrible pesadilla.

AUSENCIAS.



Tus ausencias me suenan a abandono.
Vestigios de un amor aventurero.
Perdóname si te digo te quiero.
Pues yo, aquí, en el altar, también perdono.

Tus ausencias remueven mis entrañas.
Temor por que no vuelvas otro día.
Dolor por atisbar tierras extrañas.
Ansias para tenerte, aquí, en mi vida.

Con mis sentires voy tejiendo las horas.
Para bordar contigo una mañana.
Para tenerte aquí, donde las olas.
Lleguen a tu bahía postergada.

Ayúdame, mi amor, a conseguirte.
Los mejores tesoros que el océano ha dado.
Por los confines de tu mundo alado.
Y una canción que suena en el gramófono...


lunes, 27 de abril de 2020

ÉSA ES MI CALLE.



Moñigas de vaca. Estiércol de cerdo.
Olor a animal.
Ésa es mi calle.
No la cambio por ninguna.
Huele a naturaleza y a rosales.
A jazmín y a azahar.
Huele a tí. Ahora sí.

Ésa es mi calle.

COMO UNA NOVIA.



Como novia agitada esperaba que dieran las ocho y media.
Era la hora de la videoconferencia.
Como novia agitada pintaba mis ojos.
Y daba un suave color rosa a mis labios.

Como novia agitada no sabía qué decirte.
Tan importante que a tí te estremeciera.
Iba siempre buscando la manera.
En que compongo frases sin llegar a herirte.

Como una novia bella, me presentaba.
Todas las tardes en el visor del móvil.
Sonriente y oronda, queriendo a quien me amaba.
Con la memoria trasnochada, como un fósil.

Oronda y sonriente.
Deseando que el amor eche simiente.




HASTA LA MADRUGÁ.



Volverás a amanecer.
Con un bebé entre tus brazos.
Volverá el atardecer.
Y yo no estoy a tu lado.

Entrará luz a tu cuarto.
Y yo no estoy a tu lado.
Tu niño crece deprisa.
Nunca ha probado mis labios.

Quedaremos en un punto.
En que nos alumbre el sol.
Los mirlos y ruiseñores.
Vienen a decir adiós.

Van tocando con sus trinos.
En perfecto pentragrama.
Unidos van los destinos.
En los que nos encontramos.

Jilguero de mil colores.
Canta una nana a mi bien.
Recordará los olores.
Olvidará los dolores.
Con azúcar y con miel.

Canta, jilguero, bajito.
No vayas a despertar.
A mi niño; despacito.
Canta hasta la madrugá.

YO VIVO EN RUSIA.



Supuestas apariencias, ignotas, en mi mente.
Un rebullir constante de preguntas y anhelos.
La fiebre sube. En mi colchón distante.
Grados en que medir, al punto, paralelos.

Yo vivo en Rusia. Tú en el Caribe.
Yo tengo frío. Tú estás templada.
Yo me atormento, mi alma bulle.
Tu regocijo me exasperaba.

Nubes de abriles grandes y prietas.
Repletas de agua para las siembras.
Soles difusos de madrugada.
Con veinte rayos sobre tu almohada.

Cálido el tiempo de abril preñado.
Sones al viento; la orquesta suena.
Un "la" delante de mi morena.
Y un deseo... siempre a tu lado.

TRÉMULAS HOJAS; TRÉMULAS FLORES.



Trémulas hojas que el viento arranca.
Y deposita sobre el asfalto.
En remolino corazón avanzan.
Hacia la tierra madre, el ancho verbo.

Trémulas flores que, despeinadas.
Pétalos huyen hacia la hacienda.
Compondréis versos a la desesperada.
Como dos gotas de agua, en tu vivienda.

Dulce estampido de soles y de sombras.
Primaveras de ríos desbordados.
Salientes riscos que despacio nombras.
En la sierra de crines cabalgado.

Hazme un hueco en tu manta, que yo quiero.
Subir esta montaña.
En su horno trabaja el alfarero.
En la mañana.


DEL VERBO ARRANCADAS.




Acompasados pasos resurgen de la nada.
Vespertinos trasiegos que me enclavan.
Hacia un lugar. donde el cielo tormentoso.
Pierde su alma.

Inmaculadas albas que, recostada, miras.
En horizonte fiel y fidedigno.
Balanceos de nieblas que auguraban lluvia.
Y un amor infinito.

Persianas levantadas a la luz del día.
Cortinas descorridas y pesadas.
Y tú, en la mesa, haciendo poesías.
Del verbo arrancadas.

Cándido amor, que perdiste el margen.
Del río en que nadaban tus entrañas.
Cándida luz que alumbra tu imagen.
Tan de mañana.




EN ATAÚD DOLIENTE.



Mañana en la mañana iré hacia tus pastos.
Pertrechadas las botas, altas, como tu efigie.
Buscaré los lugares donde hubieras huído.
Sin entender la causa de tanto desatino.

¿Por qué ya no me quieres? De mí te has olvidado.
¿Por qué hundes puñal en mis entrañas?
¿Por qué, inconsciente, me hieres el alma?
¿Por qué ya no te veo subir por el camino?...
... ¡Tanto me extraña!... Lloro mi destino.

Si un cielo azul esta tarde aparece.
El firmamento estrellado en la noche.
Dí que fui yo, que cambiaba los reproches.
Por claridades; el día amanece.

¡Cuánto dolor improductivo siempre!
¡Cuánto amor enterrado bajo tierra!
En ataúd doliente, de repente.
Apareció la imagen de la bella...
... muchacha que perdió a su madre.
Exhausta; quería recordar su imagen.
Y encontró en los infiernos una llave.
Con que abrir las puertas del cielo,
Prometido. Y así saber...
que no te has ido. ¡Vuelve mujer!

domingo, 26 de abril de 2020

CUATRO PATAS.



Lebrel, ven a mi puerta.
Esta mañana.
Corre con saña.
Que la puerta está abierta.
De madrugada.

Galgo veloz.
Ve a husmear a mi madre.
Que yo la estoy buscando.
Corre la voz.
Que la estoy esperando.
P'a darle amor.

Cuatro patas tenía.
Y se ofuscaba.
En llegar el primero.
Hasta la alcoba.

Cuatro patas tenía.
Y ya llegaba.
Quería ser certero.
Y se ofuscaba.

EN EL OLVIDO.



Un mundo de amapolas.
Tejen mi alma.
Rojo encendido.
Corazón en calma.
Y un sinfín de palabras.
En el olvido.


LLÉVAME, JACA.



Llévame, jaca, hasta el puerto.
De la montaña.
Llévame presto; me esperan.
Esta mañana.

Mi madre me está olvidando.
Ya no recuerda mi canto.
Se olvidó de mis facciones.
Llévame pronto a su lado.

Ella llora allí en silencio.
Enjuto el gesto.
Llévame, jaca, despacio.
Le daré un verso...

Con que tejer, haciendo una bufanda.
De veinte estrofas.
Corre, corcel, que el viento nos aguarda.
Tejiendo odas.


DESNUDAS TUS MEJILLAS.



El mar está bravío. Atardece.
Blasones de un amor abandonado.
Mi débil cuerpo por allí ha asomado.
Desde la tempestad mi mundo crece.

Descalzos van tus pies, uno tras otro.
En procesión solemne por la arena.
Desnudas tus mejillas y tu tronco.
Descalzo el cielo, que te muestra ajena.

Conchas y caracolas en un cubo.
Piedrecillas marinas, multiformes.
Dime, muchacha, si en la bahía hubo.
Personas que al viajar están conformes...

De ir a tu lado.
Inusitado el paso...

El sol se oculta, entonces, de soslayo.
Y con la mar rebosa lo infinito.
Las aguas mansas reflejan los rayos.
Últimos rayos de un cielo estremecido.

MUNDO RARO.



Blancas sábanas.
La luna se acercaba a tu ventana.
Cielos rasos.
Abriles de amapolas y claveles.
Mundo raro.
Perpendicular haz de sentimientos.
Lluvia tenue.
Entresijo añorado de quereres.

Silba el viento.
Su canción preferida del momento.
Rompe la ola.
En desiertos preñados de amapola.
Canta el gallo.
Y por fin amanece, allá, en el prado.

Jalonada.
De amores infinitos, tú descalza.
Calle arriba.
Paseando tu figura tan bonita.

Dulce el verso.
Quise tenderte, firme, el universo.



BATALLÓN DE JAZMINES.




Batallón de jazmines y petunias.
En el jardín preñado.
Rosas rojas, lilas y amarillas.
Suelo regado.

Ayer llovía en mi alma.
Y hoy sale el sol.
Caprichos de un abril que, con calma.
Prepara su canción.

Batallón de jazmines y hortensias.
En parterre soñado.
Quiéreme que te quiero en abundancia.
Como un cupido alado.

Ya nunca marcharás a aquellas guerras.
Ya siempre tú quedarás a mi lado.
No necesitas hollar en otras tierras.
Nuestra separación ha terminado.


CANCIÓN POSTRERA.



Corazón que componiendo el verso.
Cadencias miles de nubes de algodón.
Corazón que traspasa el universo.
De angelicales sones, corazón.

Canción postrera resuena en el gramófono.
Atenta a los instantes de perdón.
Canción postrera, destila su tono.
Removiendo, sensible, la razón.

Bossa Novas que parten de tus labios.
Sintonías que el viento, cual fantoche.
Muros de piedra separan los sabios...
versos de amor que has escrito anoche.

Y tú estás ahí, imaginando.
Frases repletas de contenido.
Y yo te digo, amor, vamos caminando.
Hacia el hogar perdido.

Mañana cantaremos juntas.
Ocho versos de amor y mil preguntas.




MUCHACHA DE LOS OJOS TRISTES.



Muchacha rubia de los ojos tristes.
Mechón al viento. Candente el paso.
Dime si hace tiempo que no viste.
Al caballero andante, aquí, a mi lado.

Cenizas en la arena han sepultado.
Tu amor y el mío. Profundo, inanimado.
Cuando luchaste por tu bien amado.
Enterraste mi sentir, ayer, ajado.

Pero hoy amanece un nuevo día.
Preñadito de luces y de nombres.
La noche eterna sucumbió a la vida.
La luz se cuela por el horizonte.

Muchacha rubia de los ojos tristes.
Hoy ya teñidos de esperanza.
Vuelve al hogar que tu madre espera.
Que subas el camino a lontananza.






DESCALZA POR LA BAHÍA.



Descalza por la bahía.
Apresuraba el paso.
Cadencias de Bossa Nova.
Y sus pies descalzos.

Arena rubia se levanta enardecida.
Hacia poniente.
Mi dulce niña avanza, dolorida.
Su alma valiente.

Traspasas sueños, terribles, inconscientes.
Quieres interpretarlos.
La razón de un camino impenitente.
Entre tanto desgarro.

Descalza por la bahía.
Veo a mi niña a lo lejos.
Va cogiendo caracolas.
Viste vaqueros.

Antiguas añoranzas vespertinas.
Al olor de la sal.
Antiguos ecos de tiempo y despedidas.
Y un madroñal.


YA LOS RÍOS DESHIELAN.



Tremenda niña, fuerte.
Alegre la mirada.
Constante la pisada.
Que me invita ir a verte.

Ya los ríos deshielan.
Ya la cigüeña danza.
Ya los riscos se anegan.
En abundancia.

Tu suerte que es la mía.
Saluda al viento.
Para mí un pensamiento.
Y para tí otro día...

De venturas sin fin.
Dardos que al aire.
Ensartan en confín.
De diana suave.

LUCES DE NEÓN.



Luces de neón se apagan. Ha llegado el alba.
En el bar de carretera. Camino de Andalucía.
La procesión, solemne, ya partía.
Hacia el Sur.

Málaga la salerosa. Sal y jazmín.
Málaga, mi niña hermosa. Voy a por tí.

Y traeré mis recuerdos anegados.
Retazos de un querer.
A vislumbrar la tierra en que a pedazos.
Me ví con él.

No volverá a mi huerto marchitado.
Por plaga de langosta.
Amores tiernos que no han estrenado.
Las sucesivas olas.

Vaivén rotundo. Corazón teñido.
De un tierno amanecer.
Luces de neón que encienden el sentido.
De este querer.


DE CORAZONES ROTOS.



Cubríase la piel con una fina capa.
De cabrito salvaje, apenas martilleada.
La penumbra en pos de ella, pisaba sus talones.
Y acechaba inconsciente por el sombrío mapa.
De corazones rotos; champán y mermelada.
Y una verdad en los labios que inspiraba canciones.

Y la verdad, tremenda, estalla frente a tí.
Descorre las cortinas, espesos terciopelos.
La claridad difusa se aproxima por fin.
La luz entra a raudales desde el tórrido cielo.


sábado, 25 de abril de 2020

PACO TOBOSO.



Paco Toboso me tiene anonadada.
Certero al caminar.
Su desparpajo ardiente cuando habla.
Y su triste mirar.

Paco Toboso tiene una madre malita.
De Alzheimer, terrible enfermedad.
Y él la cuida. Prepara la comida.
Tan de verdad.

Paco y yo somos grandes amigos.
Desde hace tiempo.
La noche cae; sueña grandes vestigios.
Para el invierno.

Él es rockero, su asaz movimiento.
Le sienta bien.
Paco presume de enlazar sentimientos.
Bajo la piel.

Corazón infinito que se expande a los lados.
Corazón chiquitito que alza el vuelo al sentir.
Querubín que revuela con extremos alados.
Camino de montañas donde aprendió a vivir.

Paco es atento y bienintencionado.
Sonrisa fácil. Sensibilidad.
Recuéstate cerquita, que los hados.
Te dirán entre risas la verdad.



VOLVERÁS A MI FUENTE.




Y vendrás a mi fuente clara y fresca.
Un suave atardecer.
Querrás lavar la ropa con tus manos suaves.
Hoy otra vez.

Los chiquillos bordean tus silencios.
Te arrancan risas.
Jorge ya está sentado en el asiento.
Por si las prisas.

Dulcemente a los ojos le has mirado.
Mira; la abuela.
Y dulcemente él te ha preguntado.
¿Quién es aquélla?

No he podido tenerte entre mis brazos.
Cuando eras un bebé.
Pero ahora tengo para tí retazos.
Del cielo aquél.

Y vendrás a mi fuente clara y fresca.
A beber, como los ruiseñores.
Y yo estaré esperando a que tú vuelvas.
Con todas tus canciones.

CAMINO DE SANTIAGO.




La noche engalanada despierta a las estrellas.
Los luceros se asoman apartando las nubes.
La luna se columpia, acercándose a ellas.
Y un corazón sin rumbo  apresura el candor.

Un violín encendido, cerca de aquí, a lo lejos.
Un tambor esmerado resuena en los rincones.
El fugaz rayo expande sus uves infinitas.
Y el termómetro trepa, enredado en canciones.

El estruendo del trueno se aloja en mis oídos.
El huracán fornido se amansa con mi canto.
La febril noche duerme la canción del olvido.
Galaxias y cometas que dirán que te has ido.

Muchacha peregrina. Camino de Santiago.
Senderos que aparecen con el hollar intacto.
Perfumes de violetas. Camino de poetas.
La Catedral recorta su efigie somnolienta.

CAPOTES DE BIZNAGAS.




Capotes de biznagas van provistos.
Al son del pasodoble.
Mi canto tierno, cerezos encendidos.
Cinco redobles.

Comienza la corrida, frente a frente.
El toro y el torero.
Pablo Nevado porta banderillas.
Son ya las cinco, torero valiente.
Perejil y ajos en el mortero.
Y en la radio unas seguirillas.

Tu padre, Cándido, abrirá la puertas.
Desde el pretil.
Son ya las cinco. Empieza la corrida.
Y yo sin tí.

Capotes de biznagas, Es la hora.
¡Que salga el toro!
En el centro, mi torero preferido.
De grana y oro.

PRENDIDA LA SONRISA.




Prendida la sonrisa, cual una cereza.
Quisiste conocer un poco más.
Frases delgadas, llenas de certeza.
Y el corazón henchido al alba.

Amanece ya, por fin, en nuestros corazones.
Sacudidos por recuerdos imborrables.
El alma desgranando las razones.
Por las que ha sido ahora; en este instante.

La mesa llena de fotografías.
Viejas canciones.
De vez en cuando, mi caligrafía.
En cartas y oraciones.

Cuánto he soñado con este momento.
Cuánto lo ansiaba.
Cuánto he pedido a Dios desde el convento.
Apretadas las manos; suplicaba.

Y ya estamos aquí, sobre la arena.
De un sendero infinito.
Bajo el cielo azul mi alma está llena.
Cantares de vinilo.



PASEABAS EN SILENCIO.





Paseabas en silencio por tu campo.
De robles y de pinos impregnado.
De olores suaves; de tiernos sonidos.
Laura se ha ido.

Pero no. No es verdad, Laura ha llegado.
Para quedarse.
Ahórrate tu dardo envenenado.
Voy a besarte.

Voy a besarte, amor, tal vez mañana.
Te rodearé con mis brazos.
Peinaré tu cabello de maraña.
Y ambas nos anudamos en un lazo.

Tu niño, Jorge, mi nieto, está precioso.
Como el alba al salir por la montaña.
Como el amanecer en puerto tan hermoso.
Como la luz que nace de la nada.


CARACOLAS DE CONCHAS NACARADAS.




Caracolas de conchas nacaradas.
Caballitos de mar.
Camarones nadando a lontananza.
Calor fugaz.

Crepúsculo dorado, con la brisa.
De una ola al romper.
Marcha despacio, niña, no hay prisa.
Vas a volver.

Vas a volver al lado de tu madre.
Vas a acortar distancias presurosas.
Vas a nombrar el nombre de la rosa.
Y vas a trasnochar, aquí, a mi lado.

Porque volver a mí no tiene pago.
Necesarias presencias.
Apoyada tu fente, aquí, a mi lado.
Y en tu cabello un mundo de fragancias.

Y UNA CRESTA DE ESPUMAS.




Susurraba el aire.
Completaba el viento su periplo.
Paseabas ausente tu figura.
Morena y tierna.

La bahía festejaba con su danza.
De olas interminables, aducidas.
El boquerón nadaba ensimismado.
Y una cresta de espumas florecía.
Contemplando en silencio tu llegada.

Bocifero a tu lado, para verte.
En mi puerto al fin.
Y una nube de polvo flotando.
Entre tú y yo.

Ven a mi lado presto, yo te imploro.
Desanda la distancia.
Que tu madre te espera ilusionada.
Detrás de tu memoria.



miércoles, 22 de abril de 2020

SÓLO TÚ (A Anuska)



Superlativo el relámpago.
Me acostaba con su canto.
Nada era perfecto.
Nadie ponía los posavasos.
El llanto de un niño rompía el silencio.
Y Entonces tú; sólo tú... me miraste.

UNA MADRE.



La cosa más bonita es una madre.
Que espera a su bebé.
Su sonrisa suave y rosa
resplandece ante el anuncio.
Virgen oronda y hermosa.
Como un capullo.
Anuska bella.
Tan dulce como un bizcocho.
Sin duda es ella.
La más certera hija de la prosa.

Valiente y firme como la espuma.
De la última ola de mar que se derrama en mi alma.
Del último hálito.
Del último suspiro.
Tú y tu hijo.

(A Pablo Nevado) LA VERDAD.



No me hagas sufrir. No me digas que no. No me desprecies.
Hazme reir. Dime siempre que sí, aunque sepas que no siempre tengo la razón.
O dime un no, que suene a un sí. Tal vez; quizá... mañana.

¿Despejamos la duda? ¿Qué es la verdad?
Ese trozo de río que se escapa, por entre nuestros dedos...
ydeja un frescor suave a otoño y primavera.
Y aproximas tu boca, y succionas el líquido que queda.
Y es poco. La verdad ha escapado por entre los entresijos de tus dedos...
amorcillados, por el frío latir del invierno nevado.
Nevado como tú.

Y ha huído. Cobijándose en los rayos perpendiculares del sol en verano...
Y tus manos ardientes no pueden atraparlo, porque no está; se ha esfumado.

La verdad es algo que en realidad haces tú y hago yo. Y hace aquél.
La verdad la poseen los animales y las plantas. El agua y las rocas; las montañas.
La naturaleza expuesta; simple y solemne.
Como una novia virgen de sí misma. Con los votos de amor recién pronunciados.
Deseando que el tiempo le dé la razón.
Como a tí. Como a mí. Como aquél... como a todos.
Como a la mismísima Verdad.

A PABLO NEVADO EN LA MUERTE DE SU PADRE.



Ójala que estas nubes arrastren tus pesares.
Ójala que despiertes a un día espaaranzado.
Öjala que tu llanto riegue los cerezales
de tu Valle del Jerte, tu tierra; Cáceres.

Ójala que el olivo preñe aceitunas.
Ójala que el almendro resurja en flor.
Y marchiten dolencias desde la cuna.
Y potencien recuerdos de un gran amor.

Tu podre se ha ido, Pablo, os ha dejado.
Pero está con vosotros en bella unión.
Nunca estuvo tan cerca, tan a tu lado.
Sentimientos que trenzan esta canción.

TRÉMULO EL CAMINAR.




Obsesivamente pegada al teléfono.
Y ella no llama.
Trémulo el caminar, avanza inquieta.
Y ella no estaba.
¿Dónde habrá ido?
Al otro lado del Atlas suena un quejío.

Achatada la frente, con mil arrugas.
Preocupaciones vanas.Piel aceituna.
Ella se ha ido.
A descorchar el mundo por su camino.

Vente niña a mi barca, estoy esperando.
La noche se aligera. Ríos de plata.
Y de vergüenzas...
Los tambores resuenan en la alameda.

Vuelve niña a mi lado; te lo suplico
Ven hacia mí, querida. Todo pasó
Los duendes de la noche se han esfumado.
El sol salió.



DE ABRIL REPLETAS.



Sonidos de gorriones resuenan en mi oído.
Mirlos y camachitos trinan al alba.
Las nubes venturosas de abril repletas.
Y el llanto de un ángel que no quiere soñar.

Riachuelos se deslizan peñas abajo.
El verde musgo acoge los dos confines.
El termómetro dice que es primavera.
Y un ángel que me dice que no quiere soñar.

Va la doncella a lavarse a la fuente.
Su madre la acompaña.
Va la niña a beber de los siete caños...
Pa buscar novio.
Caños de la fuente de San Antonio.
Y el lamento de un ángel que no quiere soñar.

Esparcía la ropa en el lavadero.
Con jabón de marsella la piedra aprieta.
Con amores sería más llevadero.
Confinamiento ciego que me atormenta.
Y mi ángel que me insiste que no quiere soñar.



¿DÓNDE VAS GORRIONCILLO?




¿Dónde vas gorrioncillo? ¿Quién te ha asustado?
Voy al monte a ocultarme, mi bien amado.
¿Por qué te escondes?
Seis años sin tu trino; gorjeos acordes.
Y melodiosos.
La canción que me llega mientras reboso...
de tristeza infinita por no ir a verte.
Los azules del río. Valle del Jerte.

Cantarás a mi vera una mañana.
Madrugadora siempre, en mi ventana.
Ya he olvidado.
Que seis años pasaron de penas mudas.
Cuando un jilguero llega a darme ayuda.
¿Qué ha pasado?
Ya estás aquí, mi niña, desde el sembrado.

Subes corriendo.
La cuesta de Bembibre; yo lo estoy viendo.
Y yo quisiera.
Abrazar tu cintura de esta manera.
Tan sin reparos.
Vuelve mi niña hermosa; voy a tu lado.

martes, 21 de abril de 2020

ALARGADOS CIPRESES.



Alargados cipreses. Sauces llorones.
Capitán que gobierna su galera.
Corazón que sangra a borbotones.
Una noche cualquiera.


VERSO A VERSO.



Calculando las horas en que voy a tu encuentro,
por las sinuosas calles de tu mundo.
Mi alma suspira, fuerte, allá adentro.
Mi corazón se acerca, lento, vagabundo.

Desnuda de pasiones contenidas.
Bandoleón de nostalgias anegadas.
Cuelo solemne mi alma, cuyos posos.
Me llevan, verso a verso, allá, a tu lado.



CUBIERTAS DE CENIZAS.



Cubiertas las canas de rocío.
Cubiertas las entrañas de cenizas.
Mi corazón camina hacia el olvido.
De presencias al tiempo ya olvidadas.

Recorrerás al punto esas distancias,
que me alejan de tí, y de conocerte.
Espliego en campo, caldeadas estancias.
Atlas redondo. Yo voy a quererte...

...Con toda el alma. Mi corazón palpita.
Y se funde en la arena de la mar.
Y al fin germina...
en un abrazo hondo; en un llorar.


AGUAS CRISTALINAS; ESPONJOSAS.




Cuando las cumbres escalan, cielo arriba.
Y desde abajo vemos el sendero.
Sentirás una brisa apaciguada.
Por las ondas del mar, aventurero.

Sube la cuesta apenas iniciada.
Sube la cuesta, mujer enamorada.
Hincha tu pecho, frescor de rocío.
Tu pecho henchido con rumor de río.
Vigorosas piernas avanzan tu paso.
Tus manos se refrescan en el remanso...

De aguas cristalinas; esponjosas.

ANA.



Cansada de bregar con los infantes.
Solías tomar café tras un descanso.
Los niños recortaban elefantes.
En el recreo; donde el tiempo es manso.

Y yo, oteando, me siento orgullosa.
De mi pequeña, vocación viviente.
A los niños inculca la simiente.
Del estudio; fuente prodigiosa.

Tu rubísimo pelo serpentea.
Tu dulce rostro sonríe al más débil.
Vocación de maestra, quién pudiera...
descifrar ese código que ostentas...
Sobre tu alto pretil.

Y yo estoy aquí, imaginando.
Frases perfectas, temas sustanciales.
Conocimientos que vas desperdigando
a los alumnos; retos esenciales.

Mi corazón se agita al contemplarte.
Luz de mis días.
Hija querida; quiero confesarte
mi admiración repleta de alegrías.

Luz de mis noches, tu amor me reconforta.
Siento que tú eres lo que más me importa.

Bajo el dintel de suaves ventanales.
Veo pasar el tiempo... tras los cristales...
Y te digo un "te amo; nunca lo olvides".
¡Corre a educar al niño bajo las vides!

ENSÉÑAME.



Enséñame a quererte, Laura, ruego.
Enséñame a regarte tus anhelos.
Que otrora cultivara en mi huerto.
Ahora que sé que nuestro amor no ha muerto.

Enséñame a postrarme de rodillas.
Enséñame a decir que lo lamento.
Enséñame a adorarte mientras viva.
Enséñame a rezar, profundo, al viento.

Al viento que ventila iniquidades.
Al viento que despeina nuestro pelo.
Al viento que genera amistades.
Al viento que retorna en movimiento.

Lugar habrá de acariciar tu boca.
Tu preciosa sonrisa cuando ríes.
Lugar habrá de conservar tus manos,
entre las mías; como antes hacías.

Y una canción que vuela y, a lo lejos,
retorna con la brisa subyugada.
Una emoción apenas esbozada.
Entre el musgo y el aire; sobre el tejo.



MAÑANA.



Mañana pasearé mis huesos por el monte,
desnudo al fin.
Allá en lo alto, donde el viento del norte
oprime su cintura.

Nadie irá a acompañarme porque, ausente,
vaciaré mi sendero de amarguras.
Crampón profundo que se hunde en la nieve,
y escala hacia la cima, impenitente...
desde la llanura.

Voy a entonar mi canción preferida,
muerte inconstante que vienes a verme.
Voy a soltar mis versos uno a uno...
Amanece la noche agradecida.

HOMENAJE.



Verás pasar la Primavera.
Desde el balcón, las 8 de la tarde.
Aplaudirás. Querrás ser la primera,
en darles tu homenaje.

Almu, Ignacio, desde aquí os pedimos
que os cuidéis mucho, pues estáis expuestos.
La Sanidad necesita de vosotros; idos...
Id con premura a ocupar vuestros puestos.

Con gratitud y ternura estaré esperando.
Que todo esto termine... ¡cuánto os necesitamos!
Venid por la vereda, desde otro mundo, cuando
acabe esta Pandemia seremos como hermanos.


TÚ.



Tú le ibas a llevar flores a la cama.
Tú le escuchabas, paciente, desde tu almohada.
Tú le servías el caldo con que comía.
Tú le cambiabas la ropa a la luz del día.

Tú le mojabas un paño; ¡que respirara!
Tú le peinabas las canas con tu sonrisa.
Tú cubrías con tu manta su lecho ignoto.
Tú festejabas sus logros, fiel Artemisa.

Tú apurabas el tiempo breve y remoto.
Tú alzabas esa copa que emborrachaba.
Serpenteaba en la mesa, muy arreglada.
Tú llorabas en silencio, mi fiel amigo.
Tú advertiste su muerte: papá se ha ido.

A encontrarse con ella que mucho antes,
precedió a su marido. ¡Muerte arrogante!

Eran las 8 en punto de la mañana.
La bella primavera, agitada, golpeaba tu ventana.
Eran casi las 8 de la mañana.
Cuando el auxiliar vino, y te dijo, no esperes nada.

Nada que hacer. Tu padre se había ido
y tú con él,
hirsuto, tremendo, sin una despedida.
Sobre su piel marchita, anegada, el día florecía.


(A Juan).

miércoles, 13 de junio de 2018

Y se recrean.


Jacobo y Juan son dos muchachos de 33.
Tienen fino el semblante y el alma fiel.
Extrovertidos, locos.
Hablan de sexo, locos. ¿Como se atreven?
A la sexagenaria vieja que está allí enfrente.

Y se recrean.
Juan y Jacobo siempre tiran pá el frente.

Entrecortado el cabello.



Entrecortado el cabello.
Entrecortado el semblante.
Entrecortados los ojos.
Y entrecortado el guante.

Vivimos pues hacemos.
Hacemos pues pensamos.
Pensamos pues sentimos.
Sentimos pues amamos.

Entrecortado el cabello.
Y entrecortado el llanto.
No llores, mi niña hermosa.
No llores mi alma de cántaro.

Vino a vivir hacia mí.
Me ha elegido entre unos cuantos.




En tu humilde portal.



Esquina de aquí te espero.
Para siempre, compañero.
Cualquier día, compañera.

Tejíamos cartas de amor desde el tejado.
Como los gatos grises que me visitaban.
En doliente oración, sus pies descalzos.
Pisaban las hormigas, acuciadas.

Ven a volar un vuelo de rasante.
Peregrina avecilla de los campos.
Ven a volar, con él irás delante.
De las fieras, señor, y de los fados.

Saudades, Bossa Nova, nostalgia.
De un día en que el destino me hizo conocerte.
Cánticos tristes, fados enrevesados.
Y una canción que suena desde el radiocasette.

¿Con quién irás?  ¿Dónde está Alejandra?
¿Por qué no viene a saludar a la mañana?
¿Cuánto le diste, para que no haya nada
con lo que completar el medio gramo?

Busca en ausencias, que es lo más seguro.
Para morir, quizá, de estreñimiento.
Busca en el mar; ya llegó el momento.
En que los ríos desemboquen, orgullosos.
En tu humilde portal de calle Pergamino.

Fue muy bonito mientras duró.



Fue muy bonito mientras duró.
Aplicábamonos en sendos menesteres.
Suave el aroma, pulcro, el pelo bien cortado.
Bullen las palomas de la paz, hermanas.

Fue muy bonito. Duró sólo una vez.
No puedo competir contra Alejandra.
A favor de Shamir, pero en contra de nadie.
Tu bucle me hace daño. Tú no la necesitas.

Vente conmigo. Recrearemos momentos.
De dulce calma. Esparcidos amores.
En penitencia, junto a la cruz que un día.
Sin dueño viene a hacernos reverencia.

Dulce Rashid, Shamir está esperando.
A que le cuentes las mil y una noche.
Muso ma non tropo, pendenciero.
Mushos musos pá mí; la frente amplia.
Y el color aceituno de mis campos.

martes, 12 de junio de 2018

Cabalgaréis llanuras y montañas.


Cuadros que dibujar dulce podría.
Reventando las luces y las sombras.
Bravío el caminar. Siempre amagando.
Un halo de grandeza. Sabio enamorado.

Pálido de colores y texturas.
Dulce añoranza de las cosas bellas.
Remolino de talco y de turquesas.
Pico marchito que nace cuan amante.

No cabéis esa tumba; os lo suplico.
Aún no. Pues que aún estáis vivo.
Menoscabar la tierra en que florece.
La amargura de tenerte sólo mío.

Cabalgaréis llanuras y montañas.
En jaca árabe; gomel peregrino.
El caballo galopa impenitente.
La yegua corre al pino.

Por la noche; tal vez al recuento.
De lo que hizo tu alma, allá en el llano.
Volverán a tu mente mis sonrisas.
Y mi hablar castellano.

Instigaba a sus ojos una lágrima.



Instigaba a sus ojos una lágrima.
Mi garganta, mil odas de perdón.
Habló su mirada, suplicante, bella.
Calló mi garganta de exabruptos plena.

Y algo me dijo que faltaba por venir aún lo mejor.
Y alguien dijo en mi oído frases llenas de amor.
Y sus trenzas recogidas se exparcen y ruedan por el solado.
Y caen presurosas y en cascada hacia el jardín, desde el balcón.
Donde le está recitando Zirano bellas palabras de amor.
Y las fuentes cantan su cantarina versión del Ave María de Schubert.
Y los pájaros remedan a María Callas.
Y los ángeles ciñen sus clarines y sus trompetas.
Y Pepe zimbrea su chéquere.
Y Tommy hace fotos del momento.
Y José y Jorge sacan sonidos de su yambee.
¡Y comienza la fiesta. Domingo por la tarde, en el caballo!

lunes, 11 de junio de 2018

Alrededor de la lumbre.




Alrededor de la lumbre tengo un puchero.
Lleno de agua de la fuente de los siete caños.
Previamente en sartén el aceite de oliva.
Con su pizca de sal, su cebolla y su ajo...
Y a pochar.

Después le añadiremos pimientos tricolores.
Le damos una vuelta; lo echamos al puchero.
Le añadimos papa rota, orégano, tomillo.
Lata de alcachofas, champiñones y ñora.
Carne de aguja, tierna y algo de pimentón.
Unos pocos guisantes, zanahoria picada...
y empieza la cocción.

¡Qué rico está el Sancocho! ¿Quién lo ha preparado?
He sido yo, Julito. Sé que te iba a gustar.
Aunque no sé qué hago, dándole caña al mono.
Cuando te has portao conmigo tan sumamente mal.

Hoy lunes no te llamo. Mañana; ya veremos...


domingo, 10 de junio de 2018

Alguien ríe.



Me tiro un pedo.
Alguien ríe desde el salón.
Ya no estoy sola.

Desfiladeros cautos.



Instigábamos desconsoladas frases.
Ensayábamos las notas musicales.
Jaques Brel, Aznavour, los italianos.
Una rumbita, flamenco indecoroso
de la Pocera de  Jerez.

Providenciales versos recurrentes.
Al amor de la lumbre agazapados.
Verdín dorado llueve, la noche está estrellada.
Caracolas de mar. El mar se oye
En la oquedad azul de tu mirada.

Desfiladeros cautos. Por barrancos bruñido.
Acantilados lúgrubes por tu amor espantado.
Pateras que naufragan delante de mi costa.
Ondas de hombres negros, de Senegal un día
cárdenos abismos chuecos, ingrávidos.

Corazón que a la brisa perfuma indolente.
De virginal sonrisa, antes por mí prevista.
Y hondas horas de amor, quisiera retenerte.
Nada dará placer en la noche estrellada.
Porque nada te duele.
Pocera de Jerez.

Noches de abismos.




Noches de abismos. Días soleados.
Amenazantes nubes de algodón.
Sombras que se pasean por mi cuarto.
¡El tercer batallón!

Mil cortados en los Alpes.
Llenos de luz y color.
Bandoleras de amapola.
Y rubia en el arsenal.

Brava la noche te espera.
Tan reciente como el pan.
Recién hecho, a la mañana.
Volverás. Tú volverás.

Remolino huracán.


Calculaba en sus ojos una lágrima.
Veíala languidecer.
Buscaba allá, en su mueca algo a lo que agarrarse.
Y no podía ser.

Remolino huracán hacia tu albergue.
Violeta es el color del pensamiento.
Florecilla agraciada de jardines.
Y un sólo sentimiento.

Volaremos al aire mil canciones.
De mil estilos por autor creadas.
Musas que van y vienen presurosas.
Sin importarles nadie. Sin importarles nada.

Remolino huracán hacia tu albergue.
Que presuroso viajas los parajes.
Ven a decirle que estoy aquí escondido.
Por si las prisas.

Yo quisiera perderme entre tus brazos.
Que enterraras mi odio en besos de pasión.
Besos que sólo he dado, por mi fiel pensamiento.
Borrascosas las nubes, al instante.

Quimera piedra luna.



Me has sacado matrícula de honor.
Caballero alférez de la Academia de Infantería,
de Toledo; la mejor.

Viniste cauto hacia mí, mi encanto.
Cosa bonita y bella, mi amor, mi compañero.
Tuviste tu momento y lo has aprovechado.
Como siempre; mi amor.

Y no importaba nada.



Lográbamos los sueños, poco a poco.
Fingíamos ser carne doliente.
Escapábamos del tedio de las tardes.
Reuníamos un arsenal de entelequias.

Y no importaba nada.

Circunstancias obligan a los actos.
Pensamentos que llegan, inconscientes.
Presentimientos fríos, en tu cama, vacía.
Cúrame las heridas, que me voy a morir.

Y no importaba nada. Nada.

Cabalgando de nuevo.


Me ha dolido. No has venido. Por mí no.
No voy a suplicarte. Yo no quiero.
Falta la musa, se acuestan los soldados.
Dulces lamentos de la patria mía.

No has venido. No voy a suplicarte.
Esta vez no. Mañana, quién sabrá.
Me voy al Rastro a ver a mis colegas.
Pastora, Juan, Tiburcio, juntos vamos
a fumarnos un porro junto a las escaleras.

Será mejor que aprietes fuerte el paso.
No vaya a ser que venga la bofia y nos detenga
por escándalo público y consumo de drogas.
Valiente corazón, cabalgando de nuevo.

Curioso despertar en aguas cristalinas.
Muchacha muerta, flotando entre las aguas.
Ramilletes de rosas, margaritas y prímulas.
Se enredan, confidentes, entre los cabellos
negro azabache de mi ninfa dormida
de eternos sueños, con cascadas de espuma
y arcoiris iridiscentes, a la luz de la luna.

Nuevamente la córnea.


Nuevamente la córnea se escapa entre mis dedos.
Nuevamente la luz se me quiere escapar.
Dos oquedades en mi cráneo pueden
reventar un pasado de dulce eternidad.

Plancha, y lamenta no haberte perturbado.
Descansa si es que puedes; el habla fatigada.
Y los acordes de un bandoleón aspiran.
A llevarse tu boca, tras el beso anegado.



sábado, 9 de junio de 2018

Y te vas.


Pretéritos jardines donde el jazmín se aposta.
Bajo rayos de sol iza escalera.
A las biznagas de la madre tierra.
Y la hornacina templada de flores.

Deseos ahogados en néctar de dioses.
Palpitar del camino entre bosquejos.
Ancla que embiste al toro enamorado.
De una luna infernal; maternal, espúrea y ciega.

Dime con quién vas a ir.
En esta noche.
Esta noche de abismos anegados.
De fuertes vientos; de desamparados.
De profetas sin tierra y de legajos.

Ven a participar de nuestro ágape.
Dulce Daniela de los ojos tristes.
Esperanza que anhela.
Tu sombra de poniente trastocado.
Tu luz esta mañana de verano.

Mañana en la mañana luce el cielo.



Tus gallumbos esperan en la mesa.
Los calcetines por fin los cogiste.
Pobre infeliz; no sabes que te espera.
El purgatorio.

Mañana en la mañana luce el cielo.
Estrellado y profundo, con el sol a cuestas.
Verdugo de doncellas luminosas.
Y de tardes cargadas de esperanza.

Leyendo estoy "mi padre"; tu regalo.
Yo te he traído perfumes y presentes.
La noche clara donde nos perdimos.
En la azul playa.

Empapado de brea y de salitre.
Mi pobre estampa muy mojada hallo.
Al rondar por la noche, entre columnas jónicas.
La canción escogida del momento.

Barruntar de ternura inmisericorde.
Llegar a viejo por otros caminos.
Hinchar el globo aerostático y ladino.
Y despegar los tres desde el cestillo.

Daniela, Julio y yo.
Los tres unidos.
Daniela, tú y yo.
Los tres amados.

Daniela diosa.


Daniela, diosa de las noches turbias.
Musa implacable en mis ensoñaciones.
Pergamino maduro de escribientes.
Teléfono caliente, a contrapelo.

Yo soy un pobre ingrato, resignado a morir entre tus ojos.
Soy un pobre infeliz enredado en el limbo de tu boca.
Soy ese pobre chancho inoperante y ciego.

Cabelleras caen de tus hombros en cataratas frías.
Tu perfil insolente porfía en la mañana.
Un desigual muñeco de mis fauces sale.
Yo te voy a convidar. Por mi alma tiemblo.

Y bucles de algodón serán tus alas.
Tus dulces alas donde el sol ahora.
Lanza en disparos su atronador mensaje.
Lleno de caracolas.

Escupiendo verdín amordazado.
Saliste salerosa por poniente.
A estribor tu perfume y mi doliente alma
amordazada del terror de un día.

Daniela diosa.
Daniela preciosa.


Y me dices te quiero.



Si por saber de tu soledad me hieres.
Si por creer en tí mañana me desdeñas.
Si por hacerte un hombre me castigas.
Si por venir a verte, en la noche me engañas.

Y me dices "te quiero"; no hay mañana.
En que no piense en tí, dulce amapola.
Que llora, pues se halla sola.
A despecho de soles y de lunas.

Vuelve a mi lado, Sansón arremetido.
Junta una a una las lágrimas tempranas.
Convierte en ríos estas mis mañanas.
Anochecerá de pronto en la cabaña.

Vuelve a mi lado, Julio, yo te imploro.
Vuelve a las once y diez, por mis pecados.
Allí estará esperándote Daniela.
Y yo misma, si lo tienes a bien.

Saldrá el lucero del alba a pasearse.
Mi hermana Adita nos ve desde arriba.
Y aprueba contenta a esta comitiva.
De jarcias y lereles, de flor engalanada.
Y de quereres.

Trampolín.


Trampolín con que limpio mis entrañas.
De otros que jugando precipitan.
El aire oscuro de esta buena mañana.
En que las lágrimas traerán ardores.
De verdes eucaliptos; hierbabuenas peremnes.
Y camachitos escupiendo una canción.

El halcón desde arriba precipita.
La noche del ratón, en que extenuado.
Regocija la caza tempranera.
Con los elementales ratones camperos; ignorantes.
De sangre y cieno exhurtos, embusteros.
Vivencias sin final. Mis cuatro hermanos.

Por orden de estatura y de edades.
Primero Adita, con su chupa azul.
Despu{es Javier, sentado en la azotea.
Y despu{es yo; sonriendo al viento.
Para terminar Nines instalada allí en medio.
Y Txema, tan guapo y tan ardiente.

Las once y diez.


Bailábamos zorzikos.
Su carne prieta, al aire, descosía fantasmas.
Y un ángel bello alumbraba en la noche.
Las once y diez; ya llega; apostado en el porche.

Vente a bailar conmigo las ondas jotas buenas.
Esperanza de abriles que no hube hollado.
Pues que follar es pisotear gallinas.
Nunca te follaré. No insistas. Traigo la gabardina.

Porque llueve en mi alma. Yo te estoy esperando.
Para decirle al sol que el clima está templado.
Y decirle a la luna cuanto ella pueda oír.
En sus campos de mieses, españolas, profundas.

Vine para tragarme esta copa de vino.
Contigo y con Daniela. Nadie más esperando.
El burdo antifaz con que quieres cubrirte.
De una noche temprana en que los dos gocemos.

Y un amor repentino, en que luchan las olas.
Alla en el rompeolas, con perfumes de hierro.
Ferruginosas aguas las del rio Bermejo.
Son saliente. Tez rubia. La verdad en los ojos.

viernes, 8 de junio de 2018

Y tú no vienes.


Cautivadoras líneas que a mi hija has dedicado.
Perfil en que te muestras insolente.
Verdades como puños, inconscientes.
Y una dirección prescrita.

Rabos de pasa para la memoria.
Ancas de rana para el paladar.
Semen de la ballena pá los lápices.
Labiales cremosos de muchos colores.

Pintauñas de olor y color extremados.
Herraduras de caballo viejo.
Ñordas de vaca junto a los adoquines.
Ceniza de un cigarro en el alcorque.

Y tú no vienes. Yo te estoy esperando.
De mil amores te serviré un café
traído de Colombia por Beatriz.
Servido en un pocillo para tí.

Quiero que llegues pronto, arrebatado.
Quiero que me concedas un deseo.
Quiero que me desnudes poco a poco.
Como tú sabes.

Llegaste.

Aristas implacables y resueltas.
Curvadas formas de la tierra mía.
Elefantes sin dueño y con la trompa alzada.
Buhos nocturnos donde aprendí a quererte.
Y tú allí, mi amor.
No vienes...

Rompeolas de nubes iridiscentes.
Espuma concentrada en el rompiente.
Cadalso, Antonieta y la Revolución Francesa.
Nubes de polvo surgen desde la pala del pintor.
Y tú allí, mi amor.
Ya vienes...

Transidos nichos de huesos poblados.
Oscuras osamentas alcornoques.
Visión degradada de la noche.
Sendero oscuro, rodeado de árboles.
Y tú aquí, mi amor.
Llegaste.

Ocho de Junio.


Ocho de junio. Bonito día lluvioso.
Para ir a pasear por la Feria del Libro.
Con mis compañeros de Afaemo. A ver si los recuerdo a todos:
Antoñete, poeta. Álvaro, dibujante. Joaquín, rockero. Abdel, maravilloso.
Lucía, nuestra coordinadora estupendísima. Adolfo, periodista.
Roberto, estudiante de psicología. José María, un cielo. Mari José, preciosa.
Antonella y su teatro de títeres. Carmelo, despistado. Y yo misma, escritora. Gloria, la hermosa, y Patricia, de habilidades cognitivas.
Saldrán mis libros para julio o agosto. Faltaban Lauri, Paco, Alfonso, Santi, Jose Ramón y Marius.

Vámonos, cariño. Vamos a pasear bajo la lluvia
por la Feria del Libro de Madrid.

jueves, 7 de junio de 2018

Bonitos sueños.



Abrazábamos las olas, dulce albergar de mis instantes locos.
Sujetábamos la palmera, prolífica con sus dátiles.
El otoño quizá alza su ojo de cíclope.
Y solamente tú sabes lo que mi alma calla.

Robábamos bolígrafos en ´fister.
Pinceles, bolis, sacapuntas, tijeras...
Nos poníamos el mundo por montera.
Y cogíamos un tiesto al de la floristería.

Calmadas las hojas de los árboles.
Los patos en la orilla, con sus cuatro crías.
Y un cisne disfrazado de patito feo.
Me voy contigo, amor, al confín de los tiempos.

Y él, desde el teléfono se ríe.
Se parte el culo, pobre peregrino.
Es tremenda la noche.
Al alba cantarán los jilgueros y los mirlos.

Felices sueños.
Dormir en paz.

miércoles, 6 de junio de 2018

Volverás a las fuentes.



Las dudas me hacen ver fantasmas.
Por lontananza, donde no llega nadie.
El viento peina tus trenzas al instante.
Y la luz ilumina las mañanas.

Tardes de lluvia. Ríos de sentimiento.
El tropel apostado en tus mejillas.
La noche oscura templa presentimiento.
Y la sombra se adueña de tu hebilla.

Acartonado pantalón vaquero.
Camiseta obsoleta y desteñida.
Un libro entre sus manos y un donaire.
Las fechas agarradas y anodinas.

Sendero verde donde el sol se aposta.
Rodeado de bosque bosquejado.
Sendero verde en que al caer la noche.
Se haya prendido, corazón ilusionado.

Corren los ríos que van a los mares.
En paralelo transcurrir transverso.
El hombre allana su trayecto corvo.
Y un mirlo canta desde tu ventana.

Volverás a las fuentes y luceros.
Donde un día recitaste mis versos.
Volverás; yo estaré esperándote.
Siempre cabal y siempre ilusionado.

martes, 5 de junio de 2018

Subíamos la cuesta.



Subíamos la cuesta con los pasos tardíos.
Cansados, ateridos, lluviosas las mañanas.
Por el frente una nube plomiza nos bañaba.
Al sur, ese sol tenue que no calienta nada.

Mirad: ya casi llego a encontrarme con él.
Mi viejo amigo Julio con quien tan bien lo paso.
Hoy nos vamos al Prado a recorrer museos.
Mañana quizá alguien pinte unas acuarelas...

Pero errar no quisiera, como pasó otras veces.
Esta vez no, mi niña, ahora es el momento.
Julio te quiere; te aprecia demasiado.
Demasiado es muy poco para un alma cansada.

Viene en tu búsqueda. Te tiene atendida.
Bebe los vientos por los que tú pasas.
Hazme un favor; no digas nunca nada.
De este tremendo Amor en que estoy enredada.

Brilla la noche oscura y transparente.
Los relojes se alinean: ya casi son las diez.
Hora de despedirse. Llámame cuando llegues.
Y un beso en la boca. Ya te veré después.

lunes, 4 de junio de 2018

Con perfumes de plata engalanada.



Buscábamos el aire a bocanadas largas e imperiosas.
La boca muy abierta, el eco marchitado.
Vuelta la cara hacia la luz que un día,
en tí se había esfumado.

El cuerpo dolorido. Distante el semblante.
Flojas las piernas. Arrastrando el paso.
Inseguros andares tenebrosos, volátiles.
Y un ramo de tres rosas en la mano.

Iré a acariciar a la luna esta noche.
Sombreada noche, brillantes las estrellas.
Mi hermana allí; Venus la iridiscente.
Mi padre al lado formando el carro de la Osa Mayor.

Bailan los aquelarres por Goya bien trazados.
Salen las brujas de sus escondites.
La noche se hace espesa entre gélidos tragos.
Vomiteras y eructos de burros anegados.

Y allí, en el claro.
Una luna dibuja su sombra.
Con perfumes de plata engalanada.

martes, 15 de mayo de 2018

Psiquiatría. Planta 2-B



Pasos blandos, pasos presurosos.


Pasos blandos, pasos presurosos.
Al confín del pasillo, espumosos, ladinos.
Pasos de hombre o mujer, pasos hermosos.
Pasos de agricultor estremecidos. Pasos.

Pasillo largo de hombres y mujeres.
Con las habitaciones a los lados.
Al fondo una ventana cerrada con llave.
Al sur la lencería.

Miradas que se cruzan al pasar.
Sonrisas que se expanden al pisar.
Pesares que son menos al cantar.
Mi canción preferida del momento.

Pasos. Pisadas y un corazón
que se esconde. Oye. Allá en el baño.
Cigarro en mano. Mechero rojo.
Aguanta nervioso la respiración.
Alguien abre la puerta de la habitación.

Es Raquel, la enfermera, que olisquea el aire.
Dulce aire de mayo, de paisajes puros.
Desde la prisión donde yo me hallo.

Pasos y pisadas. Pisadas y pasos.
Y mi corazón corre desbocado.
Taquicardia rítmica de reloj en mano.
Pulsaciones altas. Corazón herido.
Arteria en que fluyen las aguas del río.
Sangre roja y tierna, recién estrenada.
La siento y la siento en la madrugada.

¡Madre mía, Carmen!



Jalábamos la tarde con mariachis de radio.
Escribíamos versos sin un cigarro en la mano.
Componíamos estrofas musicales, en 3D dibujados.
Cama de hospital. Mi oxígeno frente a la almohada.
Quiero un cigarro Yoli.

Yo te lo lío con American Espirit.
¡Vamos a tu cuarto! ¡No; mejor al tuyo!
¡Vamos pues!... Pero en mi cuarto está el oxígeno.
¡No pasa nada! ¡Dentro!

Y vinieron las auxiliares y Enfermeras a embroncarnos.

¡Madre mía, Carmen!

Pasó un 30 de abril.



Hoy todavía es lunes; mañana será martes.
Último día del mes de abril.
No te encontré aún pero lo haré, tal vez en mayo.
Puede que sí.

Te fuiste no sé el día, ni el mes, ni el año.
Tal vez tú si lo sepas. Recuerdes algo y puedas
Colorear esa fecha en el calendario.
Puede que no.

Todo esto pasó un 30 de abril. Acabo de pensarlo.
Acabo de sentir tu ausencia una vez más.
Yo me pregunto: ¡cuándo será diferente?
... una vez más.

"Pasarán más de mil"años suena en la radio.
97.2 de la F.M.
Oyendo esta música te recuerdo en vano.
Escuchando las canciones que un día me enseñaste.

Yolanda M.



Chiquilla pelirroja, de cabellos rizados.
Alborotas las salas de este hospital con tu duende.
Manejas fórmulas, las manos, eres un ser romántico.

Pregonera de canciones comprometidas,
¿dónde perdiste la cabeza, como yo, como todos?
Y por qué no la encuentras y sigues aún aquí...
luchando con auxiliares y enfermeras,
si lo que tú quieres... es casarte algún día,
con el hombre amado.
Y tener un hijo
muy especial; como todos.

¡Vamos a fumarnos un cigarrillo juntas
y a escondidas!

Mi fiel Yolanda.
Guerrillera impenitente y anarquista.

David Pereyra Bernal.



David es un gran hombre.
Vive aquí, en el hospital, ahora,
aunque tendrá su casa.

Lleva capucha como para desafiar.
Este domingo lluvioso por el que Carlos simpatiza.
Es primavera y la alegría se percibe
por sobre los olivos, cipreses y gramíneas.

Pelos de perro y gato; patas de arañas.
Ácaros y bacterias pierden la batalla.
Arrastrados por esta lluvia de abril...
Providencial.

Quien quiere hacer el bien busca la manera.
Quien quiere hacer el mal busca una excusa.
                                        Martin Lutter King.



Jordan Djiby


Entre las chicas han colocado a un hombre.
Le he visto tumbado y somnoliento. En la habitación 211.
Se llama Jordan Djibi y es senegalés.
26 años. Alto, fuerte, guapo; negro.
Chapurrea el inglés.
Y es un ser especial que sonríe de una manera preciosa.

¡Dientes blancos!
¡Mirada tan limpia!
¡Cuerpo de ébano, maravilloso!

Carlos, Begoña y Luis.



Carlos y Begoña son los padres de Luis.
El chico de 18 años al que apenas podemos ver.
Porque es autista.
Se llama Luis, es pelirrojo, alto y guapo.
Dos toques con los dedos por detrás de las orejas, significan "Hola".
Un golpe al corazón significa: "Te quiero".
Con éso casi basta.

EN LA FERIA DEL LIBRO DE VALLECAS.- 2ª EDICIÓN.


El cerebro necesita una reorganización.
A la luz de las velas y las cigarras.
Cantándole a la vida con voz romántica.
Y recitando el viernes a Miguel Hernandez en la feria del libro de -vallekas, 2ª edición.
Abel, el matemático me ha dado la reseña.
De Torrejón vienen un grupo de poetas.
Vicente Baeza, músico, dirige el cotarro.
Mujeres enamoradas de la producción femenina de la generación del 27.
Sólo me suenan dos: Rosa Chacel y otra.
Se suceden canciones y fragmentos.
Allá en el escenario.
Ha sido una tarde-noche mágica.
Lo he pasado muy bien. Sola. Como siempre.
Soledad del que escribe.

martes, 24 de abril de 2018

Escucho tras la ventana.



Escucho tras la ventana el clamor del viento.
Las hojas de los árboles se mecen en sus cunas.
Largas ramas ocres abren sus dedos desde el tronco.
Desigual pedestal del árbol que aún no ha caído.

Tampoco el ángel llegó a caer del todo.
Tampoco el arcángel subirá hacia el cielo.
La lucha se desarrolla aquí en la tierra.
Firme. Cual alcorque desgarrado por sus raíces.

Escucho tras la ventana el clamor del viento.
Y pienso: el aire se llevará las luchas.
Pero no es así. Cada cual corre a su chimenea.
Procurándose un calor que el tiempo no otorga.

Voy buscando senderos abrigados.
Luces al fondo del pequeño pueblo.
Y pienso: así debería ser la vida.
Clara y tenaz. Con su propia manta y su alumbrado.

Pero es imposible. La noche se cierne ya
sobre mi testa alborotada.
Mechones desordenados que el viento despeina.
Mientras en mi cerebro las ideas brotan más clarificadas.

Y al fin. La tormenta da paso a la tímida sonrisa del sol.

Romeo le apodaban.


Romeo le apodaban, chiquilla, iba cachaco.
Olor a hierbabuena, Cecilia y fina estampa.
Celtas sus apellidos, del norte, Castro Lodeira.
Verdes las ensenadas, los riscos, ¡Viva Madeira!

Por la isla paseaba, estirado, compás al paso.
El gitano indolente, tranquilo, le tuerce el gesto.
Alegre va silbando, contento, su copa llena.
De amarguras ahogadas, Romeo, pero qué es ésto.

Valiente la sirvienta, sus rizos, sale a su paso.
Muchacha muy querida, Romeo, en esos lares.
Desliza una sonrisa, cereza, junto a su oído.
Palmotea el abanico, Romeo, juegas a pares.

Los nones no han salido, Cecilia, me has hecho trampa.
He quitado las cartas, Romeo, pá que no salgan.
Léeme tus intenciones, curita, de blanco clérigan.
Mientras las estrellitas, Cecilia, Romeo, hoy se te entregan.




Anoche soñé contigo.


Anoche soñé contigo.
Ibas camino del mar.
A fletar tu barca chica.
cerquita del olivar.

Anoche soñé contigo.
Que te sonreía la luna.
Versos en boca partidos.
Manticas en la mi cuna.

Anoche soñé contigo.
Hija del mar, marinera.
Jazmines en el regazo.
Ya apuntabas maneras.

Anoche soñé contigo.
Y con los hijos de Zeus.
Alta su jaca morena.
Elegante a su manera.

Anoche soñé contigo.
Y he despertado contento.
Porque le das cuerda al mundo.
En tremendo movimiento.

lunes, 23 de abril de 2018

Por qué la Inmaculada.



(Dedicado a mi madre Inmaculada Aurora).


Por qué la Inmaculada.

Hoy toca desnudarse junto a la alberca.
Cuerpo rosada y suave, sedosa piel.
Hoy toca desnudarse, alegría, la manos quietas...
Es tan sólo el olvido, mi arma, lo que me desconcierta.
Y lo que me hace insomne, cariño, si estabas invitada...
por qué la blanca luna, alegría no luce más.
Por qué los almendrales, Dios mío, le temen al rocío.
Por qué mi alma de pena, mi niña, no ha florecío.
Por qué la Inmaculada, Dolores, mi vida, siempre en su rezo.
Por qué tus lindos ojos, Dolores, mi niña, no alumbran ya.

Por qué los tafetales, dorados, consuelo, se mecen en las ondas.
De suaves terciopelos, morena, gitana, por bulerías.
De hermosos argumentos, Dolores, mi vida, en finas copas.
Servidas de rocío, Dolores, bonita, tu no te rías.
De esta pobre alma, Dolores, tesoro, que se extravió al pasar.
De entre noches de viento, Dolores, mi vida, cuánto lamento.
Lamento de las flores, Dolores, mi arma, que fui a depositar...
junto a tu sepultura, Dolores, hermosa, de aquéste lugar.

Y tiene por sudario, Dolores, mi niña, la luna, el sol y el mar.

domingo, 22 de abril de 2018

El tiempo corre.


Constante en su mirar.
Ademanes de hierro.
O de hielo de invierno, impenitente.
Llegó sin desconsuelo.

Marineros que lanzáis las redes.
En pos del boquerón adamascado.
Decidme; pues el tiempo corre...
¿Dónde quedó mi amado?


Llegó la primavera.


Cruzaste por la acera de la izquierda.
Bulevar en que caben mis recuerdos.
Preñado el árbol de hojas exhultantes.
Llegó la primavera.

Muñeca al sol con los cabellos de oro.
Lavados por la niña de mis sueños.
Dulces aromas salpican la avenida.
Destilando un sabor a hierbabuena.

Clamorosos los valles y los ríos.
Los pájaros del cielo entonan el Adaggio.
La batuta batiendo como lápiz de seda.
Y una mano acercándose a mi niña.
Para poder acariciar su seno misterioso.

Palmas sonad. Estruendos matutinos.
Vírgenes, abandonad el rezo.
Que estoy aquí esperando en el olvido.
De aquel furtivo beso.

Jinetes que cabalgáis ebrios de viento.
De brisa submarina y de hondonada.
Marineros de la mar salada.
De corazón partío y sentimiento.

¡Venid aquí!, pues que os estoy llamando.
No demoréis el paso, yo os lo pido.
Caballeros con yelmo bien bruñido.
Y de malla dorada, trenzada en pensamientos.

Nunca olvidéis lo que vine a deciros.
Quiero daros la buena nueva pronto.
Que las nieves al río se han vertido.
La primavera llega para todos.


Es el fin de la guerra.


El final de la guerra se respira.
Corea del Norte no avanza con misiles nucleares.
China y Japón se unen clamorosos.
Y Donald Trump acepta aliviado la Victoria pacifista.

Siria y Rusia aún no se han pronunciado.
Aunque todo indica que depondrán las armas.
Porque hoy estamos de enhorabuena.
El mundo quiere Paz.

Que suenen los clarines y trompetas.
Que el saxofonista se dispare en la lluvia de notas.
Que los timbales clamen presurosos.
Y el pianista componga un Adaggio de hermosa Primavera.

Es el fin de la Guerra.

viernes, 13 de abril de 2018

Elocuente en su oratoria.



Elocuente en su oratoria
discurría con esmero por los suburbios de París. Era inmigrante.
Marroquí.
Se llamaba Fatima y quería ser abogada.
La mejor abogada de Francia.
Aprendió a no emplear nunca los insultos ni las descalificaciones como argumento.
Regla de la oratoria número 36.
Cuando ya fallan todas las anteriores.

Munir no deseaba verse envuelto en ambiciones y perder su fragancia primigenia.
Munir era el novio de Fatima.
Reparaba motores; nada serio.
Sin toga ni uniforme. O sí, un mono.
Para no manchar de grasa los tejanos.

Fatima relucía como los brillantes.
Bella y joven se lanzó al abismo.
De los muertos vivientes vacíos de contenido.
Y perdió sus raíces de extranjera.

Pero su inteligencia era tan grande.
Que ocultó el dinero en su bolsillo.
Y el corazón repleto de testigos.
Que nunca quedarán en el olvido.




sábado, 3 de marzo de 2018

Poder soñar.



Desearía emplear palabras luminosas.
Como el sol del verano a las doce en punto.
Pero el otoño oscurece con su llanto.
La dorada tertulia de la tarde.

Me prometí hacerle eco al viento.
Rebusqué entre las páginas del libro.
Aquel vocablo amable en que me encuentre cómoda.
Gallarda y fuerte en mi debilidad.

Luché contra las olas levantiscas.
Icé la vela de barlovento.
Y, exhausta y temblorosa, mis pies resbaladizos.
Bramaron al chocar contra la proa.

Todo mi cuerpo se llenó de brea.
Mis cabellos, salobres como el mar.
Mi traje hecho jirones apenas me abrigaba.
Y, exhausta y temblorosa, me lancé a nadar.

Cautiva de mis sueños. Sólo puedo entender.
Que quizá algún día ella regresará para salvarme.
Sólo éso me mantiene: poder soñar.


Llueve en mi corazón.



Llueve en mi corazón.
Ayer cumplí años y ella no vino a darme un beso.
A desearme felicidad.
Salud y felicidad.
Tal como yo le deseo a ella, siempre.

Laura es mi linda hija.
La hermosura de los campos.
La paz de la mañana.
Y no puedo. No puedo más estar sin ella.
Sin poder verla y abrazarla.
Y fundirnos en un tierno reencuentro que me dará la vida.

Porque sin ella mi existencia se resiente.
Mi llanto no enmudece.
Mi corazón no deja de sangrar.
Y yo quiero pedir ayuda.
Pero me están vedadas todas las puertas.
Mis anhelos más profundos se esfuman en una pertinaz indiferencia.

Y grito. Y me desgañito.
Y busco una salida. Algo tangible en lo que sujetar mi pobre alma golpeada.
Y no encuentro la solución.

Laura. Si me escuchas...
Laura. Si por casualidad te llegan estas letras.
Quiero que sepas que muero por tí.
Que te necesito.
Que por favor, vengas en mi ayuda antes de que sea demasiado tarde.
Porque siento que mis débiles fuerzas se resienten.

Quiero que sepas que te amo.
Que te quiero y necesito.
Y que no; no me acostumbro a estar sin tí.
Sálvame, amor mío.
Lo tienes en tus manos.